miércoles, 30 de marzo de 2011

PREESTRENO: "EN UN MUNDO MEJOR" de Susanne Bier



 En muchas ocasiones los tutores de E.S.O tratamos de convencer a las mentes adolescentes de que la violencia no es la mejor manera de solucionar un conflicto. Es muy difícil que asuman que responder a la violencia física o verbal con la misma moneda simplemente empeorará la situación. Y es difícil cuanto más hostil es el entorno al que están acostumbrados. En este mundo en el que vivimos, en el que la ley del más fuerte es la que marca el destino de tantas personas, términos como "sentido común", "empatía", "diálogo" o incluso "inteligencia" adquieren la cualidad de tesoros que rara vez se imponen en la mediación de un conflicto.
 Del mismo modo, el protagonista de esta película trata de educar a su hijo en un firme ideal de valores. Su loable empeño se topa con un mundo tan violento y deshumanizado  que su hijo no sabe cómo conciliar las enseñanzas del progenitor con el  ambiente en el que vive. El argumento de la película se centra en dos historias paralelas: la del  padre que trabaja como médico en una peligrosa zona de África y la del hijo, que vive en Dinamarca con su madre, y sufre acoso escolar. La llegada de un nuevo alumno, que canaliza el dolor y la incomprensión por la muerte de su madre en una serie de actos vengativos, será el condicionante que marcará el destino de los personajes principales y hará tambalear las convicciones de alguno de ellos.
 Esta interesantísima película fue la que arrebató el Óscar de película extranjera a la canadiense "Incendies", de la que ya comenté con entusiasmo en este blog. Aunque sigo prefiriendo aquélla, "En un mundo mejor" es una estupenda película a la que el premio no le viene grande en absoluto. Su título original en danés "Haeven" (Civilización) es más adecuado aunque no sea tan comercial como el que hemos adoptado aquí, que es la traducción del título en Estados Unidos "In a better world".
  La directora Susanne Bier realiza un trabajo de gran intensidad dramática, con formidables intérpretes y que capta fácilmente al espectador. Quizás su único inconveniente es que peca de predecible y que se recrea demasiado en su desenlace, pero es una película muy recomendable. En concreto, y para todos mis compañeros docentes de secundaria, es especialmente adecuada para ser trabajada en el aula.

lunes, 28 de marzo de 2011

LA PREGUNTA DE OTTO

ESCENAS MEMORABLES 10: LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR  de Julio Médem

 Todos los niños son una fuente inagotable de preguntas. Es normal, puesto que no han hecho más que iniciar su andadura en este complejo mundo en el que vivimos. Pero la pregunta de Otto no parece que sea el típico e insistente "Por qué" del resto de niños. Otto tiene una pregunta sobre el amor que le atormenta, y como no sabe quién se la puede responder, la escribe en decenas de papeles con los que hace un montón de aviones . Otto lanzará esos aviones de papel desde la ventana del cuarto de baño de su cole. En poco tiempo, tanto el patio como la calle están repletos de aviones que guardan la pregunta de Otto. Sólo uno de éstos  llegará con impulso suficiente al colegio donde estudia Ana, la niña que provoca tantas inquietudes en el muchacho.
 A la hora de la salida, padres y niños empiezan a recoger los aviones y se encuentran con la pregunta en cuestión. A los demás compañeros les parece cursi y motivo de mofa, pero la pregunta provoca en los adultos unas sonrisas y miradas de complicidad. Otto advierte que Ana tiene uno de los papeles en su mano. Después de leerla y en vez de tirarla, hace una bola con el papel y lo guarda rápidamente en el bolsillo. La historia no ha hecho más que comenzar. 
 Los que no habéis visto la película os preguntaréis cuál es la cuestión que martillea la mente de Otto, pero lamento comunicaros que no se llega a saber en toda la película. El único dato que nos dan es que es algo muy romántico.
                                                                   VER LA ESCENA

 Muchos niños y niñas, bien por imitación de roles adultos o por sentimientos de especial afecto y admiración, afirman que están enamorados. De hecho, el enamoramiento infantil existe dentro de su aún inacabado desarrollo. Así pues, la historia de Ana y Otto (cuyos nombres son palíndromos con toda la intención de su autor) es una historia de amor que realmente comienza en plena infancia. A lo largo de este relato circular, sus vidas se irán cruzando en un original juego de casualidades que culminará en el Círculo Polar Ártico y suponemos que Otto habrá hallado finalmente repuesta a su duda de la infancia.
 Sin duda, es una de las mejores películas de Julio Médem, director cuyas últimas películas no me han convencido mucho, así que espero que remonte el vuelo de nuevo... y que no sea muy tarde.

domingo, 27 de marzo de 2011

YO NO QUERÍA...

 Dicen que Santiago Segura está salvando la cuota de pantalla del cine español gacias a las millonarias recaudaciones de Torrente 4. Reconozco que me divertí con las dos primeras partes, pero la tercera entrega, que ya la vi en pequeña pantalla, me pareció lamentable. Consideré que Segura ya había exprimido su fórmula y que no quedaba nada nuevo que ofrecer, así que decidí y proclamé a los cuatro vientos que, a pesar de su gran éxito, pasaría de ver Torrente 4.
 Además, a mí el cine español me debe mucho, porque si echamos cuentas, el pasado año  vi más de diez películas españolas de forma reglamentaria: con su entrada pagada y en su correspondiente sala. Supero con creces la media del resto del público, y es que soy de los pocos que vio "Pa negre" antes de la lluvia de premios. Vamos, que si hubiera un Goya al mejor espectador, sería un firme candidato. Por esta razón me podía permitir el lujo de no ver la peli española que todo el mundo ve.
 Pero lo hice...



Puede que después de una manifestación contra la corrupción valenciana estuviéramos tan crispados con los mangantes que nos rodean que necesitáramos algo que no nos hiciera pensar mucho. O puede ser simplemente que no tuviéramos ningún plan cerrado la noche de ayer. El caso es que mi amigo Dani Arias y yo, decidimos "hacernos un Torrente" después de la protesta (totalmente pacífica por cierto y no con "fines delictivos" como se está diciendo por ahí). Yo me dejé llevar por la inercia del momento y mi firme promesa quedó en el olvido cuando la taquilla automática del cine escupió las dos entradas. Ahora ya no había vuelta atrás.
Los que me conocéis bien sabéis que veo películas de todo tipo, pero ver un cuarto Torrente era ya demasiado. De hecho, aunque supera a su predecesora inmediata, no aporta nada nuevo. La película ofrece un auténtico chorreo de bufonadas escatológicas y un sinfín de cameos de famosos, algunos con más gracia que otros. Así pues, entre flatulencia y flatulencia, sale algún gag gracioso e inspirado y también cuenta con algunos divertidos momentos de persecución, que mantienen el entretenimiento a un nivel suficiente para que no me haya arrepentido de la experiencia. Aunque resulta cinematográficamente innecesario que esta saga siga su curso, me temo que el dinero generado augura más Torrentes... ahora bien, yo ya no me atrevo a decir que no iré a verla, que luego pasa lo que pasa.
 Además de confirmarme el dicho de "Nunca digas de este agua no beberé", me llamó la atención que la mayoría del público pasara de los 60 años, porque no creo que la simpática intervención de una leyenda como Tony Leblanc justifique este hecho. Aunque lo que realmente me duele, es que en un blog tan cuidadoso con sus contenidos no sólo tenga que citar a un personaje como "Kiko Rivera" (hijo de Isabel Pantoja) sino que además tenga que admitir públicamente que el chaval está gracioso en la peli... por eso y como penitencia porque soy un bocazas, "Paquirrín" merece un lugar en mi blog.


domingo, 20 de marzo de 2011

SEAMOS BUENOS



"La comedia humana" de William Saroyan

"La comedia humana" (nada que ver con la obra de Balzac) es una de las obras más conocidas del escritor y dramaturgo norteamericano William Saroyan. Su protagonista es un joven de 14 años de un pueblo llamado Ithaca (California) durante la Segunda Guerra Mundial. El chico, llamado  Homer, entra a trabajar como mensajero en la oficina de telégrafos. Una de sus principales tareas es la de llevar a las familias las notificaciones de los soldados fallecidos, lo que le sirve para replantearse el mundo en el que vive. Pero se podría decir que es una novela coral, donde se cruzan multitud de personajes y vivencias diferentes que ocurren alrededor de Homer. Una obra costumbrista que ensalza la grandeza de las pequeñas cosas y el poder de la sencillez.
 Esta obra ha sido tildada de utópica y revolucionaria, ya que además de considerar la guerra como la mayor estupidez humana, su rasgo más significativo es la bondad y la humanidad ejemplarizante que desprenden todos sus personajes. La mayoría de los personajes son tan intencionadamente buenos que pueda resultar poco creíble, pero yo pienso que esa intención esconde un mensaje claro del autor.
 Podría decirse que el libro ahonda en la idea de que el hombre es bueno por naturaleza, algo que ya defendían Rousseau o Sócrates, y que es la sociedad la que lo corrompe. Pero este eterno debate filosófico tiene numerosos argumentos en contra que defienden que la supervivencia impuesta por la naturaleza, el miedo y el egoísmo constituyen el motor de los actos del ser humano. Estas características ya se muestran desde nuestra más temprana edad y son mejor o peor corregidos por la educación establecida. De un modo u otro, el caso es que hay personas buenas que buscan el beneficio de su entorno y personas malas que se benefician a costa del dolor ajeno.

William Saroyan (1908-1981)

 Más que adentrarse en un conflicto filosófico, yo pienso que lo que Saroyan nos quiso decir es que la mayoría conocemos y disponemos de las herramientas para ser buenos, y sus personajes son un ejemplo de la facilidad con la que las podemos poner en práctica. Desde luego, a mí me gustaría vivir en un mundo donde me rodeen los personajes de "La comedia humana": la Sra. Hicks y sus enseñanzas, la conversación genial del telegrafista Crogan con el atracador, la generosidad extrema del soldado Marcus y hasta la inocencia de Ulysses y Lionel. En definitva, que seamos más buenos que sabemos cómo. Es el mejor de los propósitos.

jueves, 17 de marzo de 2011

ELLIOT

Elliot, el día que llegó a casa

  Elliot era un hámster ruso que me regalaron en Noviembre de 2010 cuando sólo tenía un mes de vida. Antes de Elliot ya había tenido otro hámster, "Flanders", que estuvo casi dos años conmigo hasta que falleció de forma natural el pasado septiembre. Flanders llegó a casa con varios meses de vida y quizás eso hizo que su carácter no fuera muy sociable. A pesar de que en la tienda de animales me recomendaran que lo cogiera cada día, a modo de terapia, para que se acostumbrara al trato humano, Flanders no fue especialmente simpático. No le culpo.
 Pero Elliot era diferente, no tenía miedo a que lo cogieras y lo acariciaras y sólo una vez se mostró agresivo, cuando la hija de unos amigos le asustó sobremanera. A Elliot le encantaba trepar y colgarse del techo de su jaula y cruzaba el piso dentro de una bola de plástico, pero eso no era suficiente para él. Una noche que me dejé la jaula mal cerrada, Elliot se escapó y descubrió que tenía 68 metros cuadrados por explorar. Pasaron los días y no lo encontraba por ningún lado. Me llegaron consejos de búsqueda de todo tipo, los más alarmistas me decían que probablemente estaba royendo los conductos de la lavadora y la nevera y que pronto quedarían inútiles... otros lo daban por muerto. Aunque el mejor consejo fue el de mi sobrina Marieta de 4 años, que sugirió que pusiera carteles y fotos por el edificio. Imagino que mis vecinos le hubieran dado antes un escobazo que intentar devolvérmelo sano y salvo.
 Puse la casa patas arriba y limpié donde nunca lo había hecho (hay qué ver lo que uno se encuentra detrás de la nevera) y Elliot no aparecía. A la tercera noche desde su desaparición oficial, oí unos ruidos y pude verlo campar a sus anchas por la casa. Intenté cogerlo pero se escapó para esconderse detrás del único armario donde, por su gran tamaño, no había podido mirar. Allí estaba, vivía detrás de ese armario y aprovechaba sus costumbres nocturnas para salir a comer y beber a su aún abierta jaula. En su quinto día de desaparición y a las seis de la mañana, lo sorprendí dentro de la jaula donde le había puesto a modo de cebo su algodón para dormir. Elliot volvió de esta manera a su jaula tras cinco días de plena libertad.
 Entonces me asaltó la mala conciencia: estaba teniendo un animal encerrado, enjaulado, que había aprovechado la mínima ocasión para escaparse. ¿Era eso lo que quería? Por otra parte, si soltaba a un hámster doméstico en cualquier lugar iba a durar bien poco con la de gatos que hay por ahí. Decidí la solución intermedia de comprarle una jaula más grande y comprometerme a sacarle más a menudo con su bola. Mientras, Elliot volvía a su vida habitual en su jaula.
 Al tercer día desde su regreso lo noté demasiado inactivo, lo cogía y lo notaba sin fuerzas, como si la energía se le estuviera acabando. Le acercaba a la boca su comida favorita y no tenía fuerza para roerla. Lo dejé de nuevo en su jaula y me marché al trabajo con lo peores presentimientos. Al regresar lo encontré muerto.
Mel Gibson interpretando a William Wallace
 Lo más lógico es pensar que en su periplo por mi piso algo contrajo o algo comíó que le hizo enfermar. Pero también puede ser que muriera de tristeza porque por unos días fue verdaderamente libre, hizo lo que quiso y cuando quiso. Experimentó una libertad única que yo le arrebaté encerrándole de nuevo y me acordé de la arenga de William Wallace gritando a sus soldados: "Puede que nos quiten la vida para jamás nos quitarán...¡La libertad!". Así es, Elliot prefirió morir a vivir encerrado.
 Su cuerpo está enterrado en una maceta que tengo junto a las plantas de mi balcón  y he decidido que no volveré a tener un animal enjaulado en mi casa, no me compensan estos disgustazos.